RETRATO, POR GUSTAVO BECERRA-SCHMIDT

“Ahora paso a esbozar un texto sobre mis recuerdos sobre tu desarrollo como músico y, especialmente, tu aspecto como compositor. Mi idea es que completes las  informaciones que éste contiene y que conversemos sobre su versión  definitiva.”

Gabriel Brnčić Isaza, retoño de dos obstinadas tradiciones: la yugoeslava y la vasca insertadas en la cultura chilena.

Recuerdo a su padre como dramaturgo en torno a su pieza Elsa Margarita y al ambiente bullente del Teatro Experimental de la Universidad de Chile (1940).

Entonces todavía no sabía de la existencia de Gabriel ni me imaginaba de lo importante que sería el encuentro con él ni de la influencia que tendría, en mi manera de enseñar la composición musical y, también, de mi idea, siempre en evolución, de lo que ha sido mi propia obra.

Más adelante, mi método de entonces, de buscar en el lenguaje naciente de  los compositores en formación, las alternativas para resolver sus problemas, me  encontré con un estudiante lleno de ideas propias, tanto formales como de procedimiento. Así, por ejemplo, su idea renovadora de la posible dilatación y contracción del tiempo en el discurso musical en texturas y expresiones emancipadas de las reglas del Renacimiento hasta el Barroco. Así en su notable obra Oda a la Energía que recoge, además, el impulso poético de Pablo Neruda y de la concepción del arte como posibilidad de acción en contextos políticos.

Aparte de sus excelentes obras instrumentales como el Octeto para bronces (a los caídos en el mineral de El Salvador (Chile) 1966), que le valiera el Premio Casa de las Américas de la Habana, muchas de sus obras son portadoras de claros mensajes, por medio de una semántica, además de elementos onomatopéyicos, cuya vigencia proviene de nuestra tradición occidental.

Ejemplo brillante de esta forma de comunicación es su obra maestra Cueca para  la Exaltación de Jorge Peña Hen, para dos guitarras. El éxito de esta obra en  su relación comunicativa con el público ha sido reconocida también por la crítica Europea.

Pero esto es solo a ‘salto de mata’ algo de la importancia de Gabriel Brnčić como compositor, cuyas obras de música electroacústica en muchos casos unidas a instrumentos tradicionales tratados electrónicamente, han influido profundamente a creadores de este género. Algunos de ellos que han aprendido su oficio directamente de él.

Pero, aquí no se detiene la influencia de este creador investigador e inventor de posibilidades  acústicas, de notación y de creación formal. Ya en sus primeros años de trabajo en el Instituto Di Tella en Buenos Aires, creó la posibilidad de anotar en una cinta de papel, que una cámara “leía, lo que deseaba oír con el uso de medios electrónicos que iban desde el barrido de la imagen sobre la cinta de papel hasta su audición, con el uso de osciladores, y su paso por las distintas etapas de su producción como sonido musical”.

Así creó, junto a ingenieros especializados, posibilidades nuevas de pensar y realizar la música.

Esta actividad ha seguido desarrollándose en España, país que lo acogió luego de las persecuciones políticas que lo obligaron a abandonar sus trabajos en la Argentina.

El mismo sentido de la responsabilidad humana y política que lo obligó a dejar este país, lo ha dejado arraigar en España, especialmente en Cataluña, desde donde ha hecho, entre otras cosas, el primer inventario de los talleres o estudios de electroacústica en España, obra básica en la historia de este tipo de música en ese país.

Y, finalmente, ha creado un sistema estructural –un programa informático llamado Alto-Relieve (Ronde Bosse)–, para componer tanto formalmente como para determinar muchos de los detalles de procedimiento o textura de sus obras. Son muchas de sus obras una producción, en continuo desarrollo, de ese programa que reúne sus ideas sobre la composición actual y es capaz de tratarlas en una realización coherente.

Son pocos los músicos, en este caso se  trata de un compositor –ejecutante y musicólogo–, que han madurado aspectos teóricos y prácticos que le han valido una enorme influencia, sostenida con fuerza tanto en Chile, como en la Argentina y en España.

Por donde ha pasado ha incrementado el valor del arte musical local y de la manera como este se puede pensar, con rigor formal y responsabilidad social.

Gustavo Becerra-Schmidt

Premio Nacional de Arte en Música

26131 Oldenburg 26.12.07